Este es un artículo bastante personal. Pero me apetecía mucho hablar sobre esto.

Las personas que me conocen saben que no soy de las que hago una lista de propósitos cada vez que empieza el año. Aunque, esto no quiere decir que no tenga metas y que no las lleve a cabo.

Para ponerte un poco en situación:

  • Me apunté al gimnasio a mediados de un mes de noviembre.
  • Empecé clases de pintura un mes de junio.
  • Decidí estudiar en la Universidad de Valencia 15 días antes de tenerme que matricular. (estaba entre dos universidades)
  • Empecé a formarme como Wedding Planner un mes de mayo.
  • Me formé como Maestra de Ceremonias un mes de noviembre.
  • He decidido viajes una semana antes de hacerlos. Pero no me refiero a decidir si viajo o no. Me refiero a pensar en viajar y a dónde.

Estas son algunas de las decisiones que he tenido que tomar. Y han sido de forma rápida, sin proponérmelo al comienzo del año y sin procrastinar.

Cuando quiero hacer algo, lo hago. No dejo pasar el tiempo, ni planifico hacerlo para inicio de año, de mes o de semana. 

Pero no me malinterpretes, no quiero decir que no sea necesario planificar, justo al contrario. Yo, por mi profesión de wedding planner y maestra de ceremonias, precisamente me dedico a eso, a organizar y planificar. Pero lo que no me gusta es marcarme una barrera psicológica o un punto de inflexión en la entrada o inicio de año, sino que se tiene que planificar cuando sea necesario hacerlo, ya sea en enero, en marzo o en agosto.

Si nos paramos a pensar, desde las 23.59 del 31 de diciembre a las 00.00 del 1 de enero no ha ocurrido nada. Sólo ha pasado un minuto y todo sigue igual. Este año hemos vivido la entrada del año con más alegría que nunca, pero en el fondo no cambia nada. Bueno… puede que algo sí, porque en 14 días hemos experimentado nuevas restricciones y la llegada de Filomena, jajaja.

Y todo esto me lleva a preguntarme: ¿por qué esperar para comenzar algo? No tiene sentido que pongamos fecha a nuestros comienzos; siempre que no sea necesario. Entiendo que hay eventos como una Boda en los que es muy necesario tener una fecha. Pero cuando esa fecha ya está puesta, no hace falta esperar para organizar todo. Cuanto antes tengamos todo atado, menos imprevistos surgirán.

Te muestro mis propósitos que puedo empezar sin que coincida con la entrada de año:

  • Seguir rodeada de los míos.
  • Disfrutar de cada momento con la familia y los amigos.
  • Hacer lo que más me gusta teniendo tiempo para mí.
  • Seguir disfrutando de cada ceremonia, de cada organización, de cada detalle…
  • Llevar a cabo nuevos proyectos.
  • Seguir cumpliendo mis objetivos sin barreras temporales.

Y… ante todo, ser feliz.

Creo que ya empecé a ponerlo todo en práctica.

¿Y tú? ¿Qué propósitos tienes?

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